Hace unos días, regresé a la universidad. Ver todo de nuevo. Las mismas aulas, las mismas personas, la misma pinche cara escuela en obras. Por donde camines ves un albañil. Entré a la primera clase. Vi rostros muy conocidos, tanto que ya ni quiero hablarles. Saludé a Marion. Un abrazo. Saludé a Raúl. La maestra. La presentación. El syllabus. Cientos de palabras tiradas al aire. El cambio de clase. El maestro insoportable. La coquetería con las alumnas. Rostros conocidísimos que no se han animado a dirigirme la palabra en cuatro años. Las miradas incómodas. Las sonrisas hipócritas. Los amigos por necesidad. Los que permanecen jutnos por miedo a la soledad. Las presentaciones. Soy yo. Tengo tantos años. Me gusta esto pero ahora me gusta lo otro. Habladas. Palabras. La clase termina. Me siento abrumada. Segundo día. Hacer equipos. Pensar en proyectos. Juntarme con quien sabe quién. Pesadillas.
Como ven, no me gusta ir a la escuela.
