'Nothing but the truth'.

Sobre el suicidio…

Agosto 25, 2008 · Dejar un comentario

 

más tarde, la mariposa se posó sobre un lago.

más tarde, la mariposa se posó sobre un lago.

 

 

 

 

María había pensado varias veces en quitarse la vida. Sentía que no tenía caso seguir. Creía que sería fácil desaparecer. Muy temprano en la mañana se paró sobre la pequeña bardita de la azotea del edificio en el que vivía. “Si me aventara, nadie se daría cuenta”,-pensaba en silencio. Las lágrimas le recorrían las mejillas, pálidas. El cabello maltratado se le pegaba en la cara. El viento soplaba con fuerza. María miró hacia abajo. Los coches avanzaban con fluidez. Eran las cinco y media de la mañana. Levantó los brazos, y al sentir que perdía el equilibrio ligeramente, dió un brinco hacia atrás.

 

Respiró asustada. Respiró profundamente. Su mano estaba sobre su pecho. Se asomo hacia abajo de nuevo. Imaginó aterrorizada su cuerpo cayendo desde la azotea, al arroyo vehicular. Tal vez se hubiera partido en dos al golpear un auto. Tal vez se hubiera deshecho literalmente al golpear el asfalto. María reparaba en todo esto, cuando una vecina subió a quitar del tendedero el uniforme de su hija.-María, ¿Qué estás haciendo?-la vecina sospechaba lo que María casi había hecho.

-¿Por qué no bajas conmigo?-María asintió. Antes de cerrar la puerta, la vecina le dijo que si necesitaba algo, no dudara en preguntar. Aún así, los deseos de muerte regresaron. Pasados unos días, María recordó que su hermano tenía un revólver escondido en algún lugar de su casa. Fue a visitarlo dos días después. En algún momento durante la cena, María fingió ir al baño, y encontró el revólver en el cajón donde sabía que su hermano guardaba cosas secretas desde pequeño, y lo hacía ahora de casado: el de la ropa interior.

 

María lo guardó en su chamarra. Regresó a la mesa y se excusó.-Me duele el estómago.-Su hermano y su cuñada la acompañaron a la puerta. Se negó a que su hermano la acompañara hasta su departamento. En el camino, pensaba en cómo lo haría. Se sentaría en el baño, y se daría un tiro. Ahí sería difícil que alguien escuchara, y por lo siguiente, que la pudieran salvar, si es que habría forma de salvarla de un tiro en la cabeza.

 

A las tres de la mañana, la vecina que no podía dormir, escuchó algo en el departamento de María. Llamó a la policía, trajeron una ambulancia. Veinte minutos más tarde María se debatía entre la vida y la muerte. La bala había tocado un lado de su cerebro. Pasó diez días en coma, y despertó. Cuando despertó, no podía creer lo que se había hecho a sí misma. El doctor la envió al área de psiquiatría y permanceció ahí dos meses más. María había cambiado su perspectiva de la vida. Platicó sobre sus nuevos planes con sus hermanos y sus padres. 

 

El día que María abandonó el hospital salió por su propio pie. El sol brillaba, el cielo era azul, las nubes parecían dibujadas sobre un gran lienzo azul. Los pájaros cantaban, los árboles eran verde intenso y una mariposa captó la atención de María, la siguió, viendo cómo volaba libre. María sonreía, como hace mucho tiempo no lo hacía. De pronto, un gran estruendo se escuchó entre la séptima y la novena avenida.

 

Un cuerpo inherte yacía en el asfalto. Era María, que al perseguir a la mariposa, no se fijó al cruzar la calle, un auto pasó, la aventó. María murió instantáneamente. Lo que deseó por mucho tiempo atrás.

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La casa del tío…

Agosto 25, 2008 · Dejar un comentario

 

Una visita al pasado.

Una visita al pasado.

 

 

 

Hoy fui a casa del tío B. Hace años que no lo veía. No podría decir cuántos. Su casa seguía igual. Aunque ahora, es viudo. Vi el patio donde jugaba cuando niña, vi la colección de perritos que tiene sobre una cómoda. Todos en el mismo lugar. Vi el cuadro que simula una cascada. Vi una oración sobre los viejos, muy triste por cierto, pegada en la puerta de su habitación. Vi a sus hermanas que también son mis tías, un poco más acabadas por los años. -No queda mucho-pensé. 

Hace un año la tía O. aún vivía. Las reuniones, hace años, en esa misma casa eran totalmente diferentes. Íbamos todos los primos. Todos salíamos a jugar al patio ya mencionado. Subíamos las escaleras hacia la azotea. Jugábamos a saltar desde ahí. Salíamos al parquecito del camellón a jugar baseball. Siempre había un herido. Casi siempre mi hermano. Comprábamos dulces, nos peleábamos y nos volvíamos a “encontentar”. Las comidas de la tía O. eran deliciosas, siempre pura comida mexicana. Pozole, barbacoa, pancita, pollo en mole verde, rojo, negro.

 

Hoy, no fue casi nadie. La que fuera la mesa de la tía, estaba casi vacía. Una de sus tantas nueras (tuvo 8 hijos) sirvió una pasta seca, y pollo rostizado. Todos hicieron caras. Se miraron entre ellos. Casi se escuchó un suspiro generalizado al recordar esas comidas exquisitas que cocinaba la tía O.

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