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Historietas Influenzables…

Abril 30, 2009 · Dejar un comentario

 

Era más que una sexy gatita.

Era más que una sexy gatita.

 

 

El objetivo era matar al presidente negro. Se había pensado en muchas opciones pero no tendrían manera de maniobrar. El jefe tuvo la gran idea cerca de la media noche. Hizo unas llamadas. Una banda rusa les debía un favor. 

***

EL SALÓN de fiestas del Museo de Antropología ubicado en la capital de México, lucía como nunca. Las mesas arregladas elegantemente, invitaban a extranjeros y locales a disfrutar de la cena. En cada charola había un manjar. Delicias culinarias se ofrecían a los comensales y brindaban con discreta alegría.

Las mujeres y los hombres, eligieron vestir el negro por default. Un color que no falla en la moda, pero el panorama era más bien aburrido. 

Dentro de la limo, Michelle intercambiaba algunas palabras con Barack.

-Cariño, no tengo buen presentimiento sobre esta cena. 

-Todo estará bien.-le respondió.

-Es que este país, es muy inseguro, no me siento tranquila, siento que algo está mal. 

-Tenemos a la CIA, a francotiradores, y aparte varios agentes secretos por aquí. ¿Qué te da miedo?

-No sé. Hay algo..que me inquieta.

-Llegamos, dijo él, mientras se acercaba a la puerta del auto. Michelle tomó su mano, y el la miró fijamente a los ojos. Ella desvió la mirada y el soltó su mano. Los dos bajaron del auto. Michelle intentó lucir ecuánime como siempre, pero le costó especial trabajo ocultar su nerviosismo. 

***

Slvetanska Komarki esperaba en la entrada del museo. Todo hombre presente, no podía evitar alabar su belleza. Sostenía una copa de champan en la mano, y vestía un vestido negro con franjas blancas. Todos pensaron que era esposa o hija de algún canciller. Nadie cuestionó su presencia ahí. Sonreía a medida que la gente pasaba. Una vieja ya entrada en años se le acercó. Slvetanska dejó la sonrisa. 

-¿Por qué no entras ya hermosura? La cena está apunto de comenzar, te tengo que presentar a mucha gente de mi país y están allá adentro, no creerán tu belleza cuando la vean. En nuestra tierra ya no hay jóvenes cómo tú. 

-Ahora voy, dijo Slvetanska un poco alterada. 

-Lo siento, pero no puedo dejar pasar esta oportunidad. Ven vamos.

La vieja tomó por el brazo a Slvetanska, que trataba de soltarse, cuando miró hacia arriba. Sus dos cómplices la miraban desde la ventana de un edificio. 

-Ve con la vieja, después has una excusa, y sales de ahí, dijo Jefe, totalmente sereno.

Slvetanska sostuvo la pequeña bocina en su oído. Asintió. La vieja hablaba sobre su país, sobre cómo la vida en el campo no se comparaba a la glamorosa vida de ciudad, y de otras vivencias como la Segunda Guerra Mundial, y los nuevos affaires políticos.

-Disculpen, iré al tocador, dijo Slvetanska con la mejor sonrisa que pudo hacer. 

Sin que nadie la notara entró al baño. Debajo de un excusado la esperaba una maleta negra. Sería muy sencillo a partir de aquí. Se quitó la peluca rubia, dejando su negro cabello totalmente rizado bajo una red. Tomó el impecable traje de mesera y se vistió. Desmaquilló su rostro y se colocó pupilentes cafés.Por fin sacó de la maleta lo más importante. Dos pequeños tubos con un poderoso virus: la unión de la influenza humana, aviar, y porcina. Totalmente letal. Slvetanksa sonrió con malignidad. Escondió de nuevo la maleta y salió.

Se dirigió a la cocina. Ahí la aguardaban las órdenes para las diferentes mesas. En este tipo de eventos se clasifican las mesas VIP donde se encuentran los presidentes y sus esposas. De pronto, se topó con lo que estaba buscando. La mesa donde estaban sentados el presidente de México, el de Estados Unidos, junto con Felipe Olmos, el director del museo y otros diplomáticos. Slvetanska leyó con atención: “Barack Obama” y se dispuso a vaciar los dos frascos sobre el jugoso filete de salmón que esperaba a ser comido en un plato.

-¡Hey! Esas órdenes aún no están listas. ¡Sal de aquí! le dijo un chef mientras se aproximaba a ella. Slvetanska no quería ser reconocida por lo que se disculpó y salió lo más rápido posible de la cocina. Disimuladamente, se escurrió hasta el baño, donde sacó su maleta y volvió a arreglarse. La rubia despampanante salió del baño, dió una vuelta por el salón y se retiró del recinto.Una mesera entró corriendo hasta la cocina. 

-¡El presidente Obama acaba de cambiar su orden! No quiere pescado, desea la comida cantonesa acompañada de la guarnición del salmón! 

-¿A quién más le daremos salmón? preguntó un asistente del chef. 

-Al director del museo, dijo el chef sin preocupaciones. -No te preocupes Reyna. Le damos el salmón al director, a Obama su pedido especial y todos felices. 

El chef se volteó, y silbando, continuó con su trabajo. Gritaba de un lado a otro en la cocina. Reyna, la mesera, regresó y llevó las órdenes. El salmón al director, Michelle y Barack comerían el pedido especial. El presidente de México y su esposa, tendrían la cena estándar. Fue una cena aburrida, no había pláticas interesantes. Todos trataban de abarcar temas my generales, y ocultaban algo de sí mismos. Michelle miraba a Barack con detenimiento. Se había dado cuenta que, en menos de tres meses, su vida había dado un giro inesperado. Ahora él era uno de los hombres más poderosos del mundo, y ella, su acompañante incondicional. 

***

Felipe Olmos, era atendido de emergencia en un hospital. Los doctores no sabían que le había ocurrido. Detectaban una insuficiencia respiratoria acompañada de pulmonía. Para las 6 de la mañana, no había nada que hacer. La necropsia, reveló algo realmente atemorizante. Había muerto por un virus de influenza nunca antes conocido. Se tomaron muestras y se enviaron laboratorios de Estados Unidos y Canadá. Pronto se supo que la familia del fallecido tenía varios infectados, y éstos a su vez habían contagiado a otras personas. En pocos días, en la capital del país el número de infectados rebasaba el millar. La gente no sabía que pasaba, y muchos no tomaban medidas preventivas. 

Un nuevo virus comenzaba a recorrer el mundo…

 

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weddings by color.

Diciembre 31, 2008 · Dejar un comentario

 

Número de mesa.

Número de mesa.

 

Una de las cosas que caracterizan gringolandia, al menos para mí, es la palabra “precoz”. Dando vueltas, arreglando el blog de mi papá que se dedica a eso del catering, me puse a ver muchas fotos y fotitos de bodas. Llegué a una comunidad especialmente para novias que se llama Wedding by colors que básicamente es un blog donde chamacas más chicas que yo postean diariamente el avance que tiene la planeación de su boda. 

También las hay más creciditas, como de 25, presumiendo sus wonderful engagement rings y sus dream weddings. Los profiles están acomodados por colores como su nombre lo indica, entonces si quieres una boda en rojo o en azul te unes a ese grupo, las otras se hacen tus amigui amigui y se dan tips, opiniones y recomendaciones para el gran día. Yo lo haría de color morado, bueno lila, pero no se si mi fianceé aceptaría. jaja.

Descubrí también que ahora está de moda tomar unas mal llamadas engagement pictures de tu amor y tú abrazados en el bosque, parados en la orilla del mar viendo al sol ( con esa típica expresión) y otras poses anormales y no naturales. Lo peor: no se las toman el día que te da el anillo ni mucho menos, sino unos días antes de la boda para que se muestren en la recepción. (¿Cómo para qué?)

Algunos profiles están bien corny, otros están bien elegantes y otros parece que la chava en cuestión está planeando sus quince años con tanto glitter y swarovski. Llegó un momento que al ver a tanta jovenzuela preparando el gran día me dije…¿Ots por qué yo no me he casado? ¿Por qué los dioses no me han favorecido con tan favorecedor favor? …¿Acaso me ha dado un ataque pasajero de envidia de la buena, aunque ninguna envidia es buena? 

Aceptemoslo, todas las mujeres soñamos con LA boda, esa en la que te sientes princesa y te dan un anillo y hay velitas, y agua, y fuentes, y tu color favorito, y las damas vestidas justo como te las imaginastess desde que eras chiquita cuando viste que la Cenicienta se casaba y se subía a su carroza y…

…Me voy,  antes de que lo que digo pueda ser usado en mi contra. jeje.

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