Archivo mensual: agosto 2008

Éxito

No te ausentes!

No te ausentes!

” El 80% del éxito 

consiste en estar presente.”

 

Woody Allen

Desorden…

 

 

Everything is messed up...

Everything is messed up...

 

 

 

Mi mail tiene 289 mensajes que he dejado sin leer.

Mi clóset, lleno de zapatos, no distingue ya entre las pantuflas y las sandalias.

Mi habitación tiene un tinte sombrío.

Mi auto, varado debido a un problema en el último arreglo que le hicieron, permanece inmóvil.

Mi madre grita. Lo hace mi padre también.

Mi brazo duele. Se cansa de cargar tantas veces la misma carga.

Día a día.

Hora a hora.

No sabe cuando sale de esta dimensión.

Yo tampoco.

Sobre el suicidio…

 

más tarde, la mariposa se posó sobre un lago.

más tarde, la mariposa se posó sobre un lago.

 

 

 

 

María había pensado varias veces en quitarse la vida. Sentía que no tenía caso seguir. Creía que sería fácil desaparecer. Muy temprano en la mañana se paró sobre la pequeña bardita de la azotea del edificio en el que vivía. “Si me aventara, nadie se daría cuenta”,-pensaba en silencio. Las lágrimas le recorrían las mejillas, pálidas. El cabello maltratado se le pegaba en la cara. El viento soplaba con fuerza. María miró hacia abajo. Los coches avanzaban con fluidez. Eran las cinco y media de la mañana. Levantó los brazos, y al sentir que perdía el equilibrio ligeramente, dió un brinco hacia atrás.

 

Respiró asustada. Respiró profundamente. Su mano estaba sobre su pecho. Se asomo hacia abajo de nuevo. Imaginó aterrorizada su cuerpo cayendo desde la azotea, al arroyo vehicular. Tal vez se hubiera partido en dos al golpear un auto. Tal vez se hubiera deshecho literalmente al golpear el asfalto. María reparaba en todo esto, cuando una vecina subió a quitar del tendedero el uniforme de su hija.-María, ¿Qué estás haciendo?-la vecina sospechaba lo que María casi había hecho.

-¿Por qué no bajas conmigo?-María asintió. Antes de cerrar la puerta, la vecina le dijo que si necesitaba algo, no dudara en preguntar. Aún así, los deseos de muerte regresaron. Pasados unos días, María recordó que su hermano tenía un revólver escondido en algún lugar de su casa. Fue a visitarlo dos días después. En algún momento durante la cena, María fingió ir al baño, y encontró el revólver en el cajón donde sabía que su hermano guardaba cosas secretas desde pequeño, y lo hacía ahora de casado: el de la ropa interior.

 

María lo guardó en su chamarra. Regresó a la mesa y se excusó.-Me duele el estómago.-Su hermano y su cuñada la acompañaron a la puerta. Se negó a que su hermano la acompañara hasta su departamento. En el camino, pensaba en cómo lo haría. Se sentaría en el baño, y se daría un tiro. Ahí sería difícil que alguien escuchara, y por lo siguiente, que la pudieran salvar, si es que habría forma de salvarla de un tiro en la cabeza.

 

A las tres de la mañana, la vecina que no podía dormir, escuchó algo en el departamento de María. Llamó a la policía, trajeron una ambulancia. Veinte minutos más tarde María se debatía entre la vida y la muerte. La bala había tocado un lado de su cerebro. Pasó diez días en coma, y despertó. Cuando despertó, no podía creer lo que se había hecho a sí misma. El doctor la envió al área de psiquiatría y permanceció ahí dos meses más. María había cambiado su perspectiva de la vida. Platicó sobre sus nuevos planes con sus hermanos y sus padres. 

 

El día que María abandonó el hospital salió por su propio pie. El sol brillaba, el cielo era azul, las nubes parecían dibujadas sobre un gran lienzo azul. Los pájaros cantaban, los árboles eran verde intenso y una mariposa captó la atención de María, la siguió, viendo cómo volaba libre. María sonreía, como hace mucho tiempo no lo hacía. De pronto, un gran estruendo se escuchó entre la séptima y la novena avenida.

 

Un cuerpo inherte yacía en el asfalto. Era María, que al perseguir a la mariposa, no se fijó al cruzar la calle, un auto pasó, la aventó. María murió instantáneamente. Lo que deseó por mucho tiempo atrás.

La casa del tío…

 

Una visita al pasado.

Una visita al pasado.

 

 

 

Hoy fui a casa del tío B. Hace años que no lo veía. No podría decir cuántos. Su casa seguía igual. Aunque ahora, es viudo. Vi el patio donde jugaba cuando niña, vi la colección de perritos que tiene sobre una cómoda. Todos en el mismo lugar. Vi el cuadro que simula una cascada. Vi una oración sobre los viejos, muy triste por cierto, pegada en la puerta de su habitación. Vi a sus hermanas que también son mis tías, un poco más acabadas por los años. -No queda mucho-pensé. 

Hace un año la tía O. aún vivía. Las reuniones, hace años, en esa misma casa eran totalmente diferentes. Íbamos todos los primos. Todos salíamos a jugar al patio ya mencionado. Subíamos las escaleras hacia la azotea. Jugábamos a saltar desde ahí. Salíamos al parquecito del camellón a jugar baseball. Siempre había un herido. Casi siempre mi hermano. Comprábamos dulces, nos peleábamos y nos volvíamos a “encontentar”. Las comidas de la tía O. eran deliciosas, siempre pura comida mexicana. Pozole, barbacoa, pancita, pollo en mole verde, rojo, negro.

 

Hoy, no fue casi nadie. La que fuera la mesa de la tía, estaba casi vacía. Una de sus tantas nueras (tuvo 8 hijos) sirvió una pasta seca, y pollo rostizado. Todos hicieron caras. Se miraron entre ellos. Casi se escuchó un suspiro generalizado al recordar esas comidas exquisitas que cocinaba la tía O.

Sobre los pendejos del salón…

 

Handsome guy, Caveman guy.

Handsome guy, Caveman guy.

 

 

 

Está en el salon de clase. No es tan alto, ni tan deportista. No es tan guapo, ni tan inteligente. Sin embargo, más de sesenta alumnos estúpidos, lo veneran. Las mujeres permiten que las toque, donde sea, donde quiera. Cree que cada mujer ligeramente escotada que pasa delante de él, le va a regalar un lap dance. Se cree el rey. Escribe en la pantalla de la computadora, “soy un ídolo”. No puede manejar el software de diseño y sus respuestas son poco inteligentes…

Me pregunto: ¿ Se habrá percatado de lo pendejo que se ve ?

 

Se lo dedico a todoos los de gran ego, tanto…que no alcanzan a ver su pendejez.

Amelie

Hoy es Miércoles. La mitad de la semana. Ya casi es viernes, pero falta el trabajoso jueves. Porqué no te relajas mientras ves Amelie? Es una de mis películas favoritas, no tienes que pensar mucho ( jaja ), estuvo nominada a 5 Oscares, y el trabajo de fotografía y música es fenomenal. Para buscar tu Blockbuster más cercano  y la disponibilidad de la película, da click aquí.

 

¡Te gustará!

¡Te gustará!

Turismo Sexual…

 
“Una prostituta se quita la ropa y se trepa sobre ti si tienes dinero.
 Si eso te excita, estás a un nivel muy bajo.”
 Mark B. ( The Elfish Gene )

 

Daniel se divertía con su novia. Pensaba que la amaba de verdad. Pasaban mucho tiempo juntos y acababan de cumplir tres años de relación. Sin embargo, había deseos escondidos en el corazón de Daniel que nunca salían a flote en presencia de Lina, su novia. Quería experimentar otras posiciones, hablar de otra forma, inventar juegos, y personajes. Lina, por su parte era callada y recatada durante el sexo. Pensaba que eso le gustaba a Daniel. Aunque no había mucha variedad y casi siempre era el mismo procedimiento. Los besos, las caricias en los senos, en la ingle, el acto en sí, tres minutos, acabó. Lina no le decía nada porque lo amaba demasiado y pensaba que heriría sus sentimientos si le contaba lo que ella realmente pensaba.

 

Las noches pasaban. Todos los viernes eran iguales. Las mismas caricias, los mismos toques. Un día Daniel se hartó. Un viernes entró a un table dance. La noche en que llegó al centro nocturno Daniel conoció a Olivia, una prostituta. Pagó por estar con ella y pedirle que le cumpliera sus más profundas aspiraciones sexuales al estar con una mujer. Ella no lo besó, pero si le dió sexo oral, varias posiciones extrañas, y le robó $500 dólares más de propina. Le dejó su tarjeta y le dijo que la llamara cuando quisiera. A partir de ese día Daniel la llamaba cada semana. Siempre la misma prostituta, para evitar riesgo de contagio. 

 

Un domingo, Lina despertó con un malestar terrible. Por la noche Daniel la llevó a la sala de urgencias. El diagnóstico fue sífilis. Lina no lo podía creer. El único que la contagió era Daniel. Sus lágrimas escurrían por sus mejillas mientras Daniel repetía “Lo siento, lo siento tanto.” Al parecer, al no usar condón durante el sexo oral, Olivia había contagiado a Daniel, y este a su vez, contagió a Lina. 

Daniel nunca tuvo el valor de confesarle a Lina lo que realmente quería. Lástima que era muy tarde para eso. Lina no confió nunca más en él. Rompió la relación unos meses más tarde.

 

****************

Hacerlo se sentía simplemente bien. Eduardo y sus amigos estaban lejos de su país, de sus novias, y con un montón de chicas lindas. Apenas eran las 12 del día, y las chicas ya estaban sin bra, parecía que no había límites, que podían hacer de todo. Antes de las 12 de la noche, todos habían sucumbido a la tentación. Algunas chicas propusieron un trato suculento: por más dinero permitirían las relaciones sexuales sin condón. Eduardo tomó la oferta. La mujer era alta y delgada, rubia y usaba un conjunto de ropa interior rojo con diamantina del mismo tono. Llevaba los labios pintados de rojo y gemía cada vez que Eduardo hacía algún movimiento. Diez minutos después todo acabó. La rubia despampanante se puso su sostén de nuevo, se acomodó la braga y salió en busca de otro cliente. 

A la mañana siguiente Eduardo no le contestó el celular a su novia. Era 22 de agosto. Cumplían un año de estar juntos. Él le había dado el anillo de compromiso dos meses atrás, y se casarían dentro de seis meses. Eduardo quizo olvidar todo cuando regresó a su país natal, Colombia.

El recuerdo resurgió unos años después, cuando ya casados, no podían concebir un hijo. En unos exámenes de rutina, algo saltó a la vista del médico. Eduardo no tenía anticuerpos, algo raro estaba pasando. Mandó hacer la prueba de Elisa. Diana enloqueció cuando leyó el resultado. “HIV POSITIVE”. Le pegó a Eduardo, lloró, se tiró al piso y pataleó. Terminó su matrimonio ahí mismo con él. Los papeles de divorció llegaron dos meses después de la muerte de Eduardo. Diana se trataba con retrovirales. No se atrevió a intentar tener hijos jamás. No hablaba casi con nadie. Su enfermedad la había vuelto su eterna esclava, hasta que el día de su muerte llegara.