La casa del tío…

 

Una visita al pasado.

Una visita al pasado.

 

 

 

Hoy fui a casa del tío B. Hace años que no lo veía. No podría decir cuántos. Su casa seguía igual. Aunque ahora, es viudo. Vi el patio donde jugaba cuando niña, vi la colección de perritos que tiene sobre una cómoda. Todos en el mismo lugar. Vi el cuadro que simula una cascada. Vi una oración sobre los viejos, muy triste por cierto, pegada en la puerta de su habitación. Vi a sus hermanas que también son mis tías, un poco más acabadas por los años. -No queda mucho-pensé. 

Hace un año la tía O. aún vivía. Las reuniones, hace años, en esa misma casa eran totalmente diferentes. Íbamos todos los primos. Todos salíamos a jugar al patio ya mencionado. Subíamos las escaleras hacia la azotea. Jugábamos a saltar desde ahí. Salíamos al parquecito del camellón a jugar baseball. Siempre había un herido. Casi siempre mi hermano. Comprábamos dulces, nos peleábamos y nos volvíamos a “encontentar”. Las comidas de la tía O. eran deliciosas, siempre pura comida mexicana. Pozole, barbacoa, pancita, pollo en mole verde, rojo, negro.

 

Hoy, no fue casi nadie. La que fuera la mesa de la tía, estaba casi vacía. Una de sus tantas nueras (tuvo 8 hijos) sirvió una pasta seca, y pollo rostizado. Todos hicieron caras. Se miraron entre ellos. Casi se escuchó un suspiro generalizado al recordar esas comidas exquisitas que cocinaba la tía O.

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