Play by play de mi primer día de clases.

No pude dormir. La última vez que vi el reloj eran 3.44 am y la primera vez que lo vi cuando abrí mis ojos decía 6:39. Pensé en bañarme pero hacía un frío horrible. Me aferraba a mis cobijitas y mi cuerpo temblaba. 

Elipsis.

Llegué a la escuela. Me bajé del auto cargando dos pesadas maletas. Una con lo necesario para el gimnasio. La otra con lo necesario para estudiar. Entre computadora, tenis y cuaderno parecían mil kilos. Caminé con pena. Nunca me ha gustado pasearme por la escuela cargada de cosas, cuando veo que a otras niñas con cargar una mini mini bolsa es suficiente. ¡Yo nunca puedo!

Llegué al edificio del gimnasio. Subí a pie, ya que nunca me ha gustado ese elevador. El corazón se me salía. Llegué al piso indicado. Le iba a entregar mi maleta más pesada al señor que siempre recibe maletas, pero al verme con gabardina, zapatitos lindos y peinada, me dijo que no me la iba a recibir hasta que me cambiara para subir al gimnasio. Enfurecí. Me metí al vestidor y chequé  cuales lockers estaban disponibles. Anoté más de diez números en la palma de mi mano. Me debatí entre dejar ahí en un rinconcito mi maleta en lo que iba a apartar mi locker. Sí, no, sí, no, sí. La puse en el rinconcito y me salí con la esperanza de que nada le pasara. 

De salida me encontré a Olguita. Ella estaba conmigo en Lenguaje Audiovisual y fuimos equipo junto con Erandis. Regresó de su intercambio en Argentina. La saludé y me bajé a ver qué pasaba con los lockers. 

Abajo era como el mismo metro. La fila, más de cien personas. La espera, eterna. Pasaron quince minutos y sentí miedo de mi maleta. Le dije a la de atrás que si me apartaba mi lugar. Me preguntó si iba a ir a investigar. Le dije, “no, voy por mi maleta.” Subí, y corrí. Sentí que me habían robado. Afortunadamente mi maleta estaba entera. Bajé otra vez. Le sonreí a Olga.

Elipsis.

Olga y yo platicamos. Platicamos de todo y de nada. Platicamos de su viaje y sus experiencias. Le conté todo lo que había pasado. Dos horas después llegamos hasta el escritorio que estaba dispuesto para apartar lockers. “Tengo miedo de que el mío ya no este disponible”, me dijo. “No te preocupes, aquí traigo mil números”, le contesté. El señor me dijo: “¿Número?” , yo le dije “407”, y él dijo, ya está tomado. “Bueno entonces 464”, dije yo. La risa de uno de ellos interrumpió. “Ja, ja, ja, a esta señorita no le falla, mujer prevenida vale por dos”, dijo. Yo sonreí.

Olga pasó. “Te veo allá arriba”, dijo. “Ok”, le dije, y me dispuse a subir. Ya no vi a Olga. Arreglé y guardé mis cosas. Vi la hora. Casi las diez. Me maquillé y me arreglé. Ya eran 10:30. Me fui a desayunar.

Elipsis.

Me senté en una mesa. Comí un “taco taurino jalapeño” y un coctél de frutas. No bebí nada. Leí el Talento Tec, periódico de la escuela. En portada estaban unas francesas y el número era básicamente el recuento de los triunfos en el último mes del año 2008.

Cherrio me habló. Llegó hasta mi lugar. Me dio un beso y un abrazo. Me encanta que me salude así. Es como que aunque me vio ayer, le encanta volverme a ver, y eso me encanta. Se veía guapito, sus chinitos, su barbita, y sus ojitos muy lindos como siempre. Nos encaminamos hacia la clase de francés.

Elipsis.

La maestra hablaba en francés y apenas le entendía. Soy principiante.

Continuará.

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