Archivo mensual: enero 2010

Today I feel like it.

Holy Word (II)

Holy word (I)

You do what you love.

Best Manicure Ever

Cats

Amor de Papel

Era un día como cualquiera. Juan había salido de su trabajo en la fábrica. En la ciudad llovía sin parar. Se respiraba un ambiente húmedo y sucio. Juan corría por la acera tratando de encontrar un lugar donde resguardarse, y al intentar brincar un hondo charco, cayó y se lástimo el tobillo. 

Se arrastró hasta un pequeño callejón y sacó su pie del zapato para revisarlo. Ahí fue donde la escuchó por primera vez. Un llanto pequeñito venía de algún lado y él no podía divisar de dónde.

Pronto Juan se acercó a un bote de basura. Lo abrió. En  su interior estaba la mujer más hermosa que Juan hubiera visto. Era rubia, de ojos claros -no podía ver el color por tantas lágrimas- de pechos enormes, y lo mejor, estaba casi desnuda. Ella era la contraportada del periódico de ese  día. Su nombre era Rubí.

¿Por qué lloras?- preguntó Juan-¡Sólo déjame en paz!- replicó la monumental figura impresa en papel barato. Juan la tomó entre sus brazos. -Ya, deja de llorar.-le dijo mientras un hombre pasaba y lo miraba de manera extraña. -¡Me estoy mojando!-Juan reaccionó, la metió dentro de su chamarra y caminó hasta su casa. 

Ella le contó de cómo se había enamorado de un hombre que compró la publicación en cuestión, fue romántico al principio pero después de haberla uilizado para satisfacer ciertas necesidades fisiológicas, terminó botándola en el contenedor de basura en el que la encontró.

Juan la consoló y de pronto hablaron de todo. Ella de los sueños de modelaje y él de sus esperanzas en regresar a su tierra con muchos billetes para no volver más a la ciudad. 

Sobre la cama del sarape sucio y polvoso, Juan y Rubí se amaron. 

Por semanas todo fue felicidad, aunque las cosas se complicaban un poco cuando Juan se iba al trabajo. -Seguro que ahí me engañas con alguien.- le decía Rubí. Él le decía que no, y ella insistía en acompañarlo al trabajo sólo para corroborar. La discusión era siempre la misma y Juan terminaba por arrugar el periódico y salir de la casa apresurado. 

Rubí lloraba por las tardes y ya los vecinos se habían quejado pues pensaban que Juan tenía un gato que no dejaba de chillar cuando él no estaba. -Un día,-le dijo la portera- usted va regresar y su gato ya no va a estar.- Juan asentía con la cabeza en silencio y no sabía que hacer. 

Una Rubí cada vez más descolorida y arrugada hacía los reclamos diarios.Para Juan era aburrido escucharla y verla. Nunca hubo misterio realmente.

Por la mañana todo fue claro para Juan. – Hoy te voy a llevar al trabajo-le dijo, mientras una Rubí atónita abría los ojos por la impresión. 

Juan la dobló y la guardó en el bolso de su chamarra. Cuando bajó del microbús caminó al pequeño callejón y la metió al bote de basura.Rubí gritó desesperadamente. -¿Juan? ¿JUAN? ¡Juaaaaaan!-

Él no le contestó. Caminaba ya por la acera de la fábrica, respirando por fin el fresco aroma de la libertad.