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Sobre Ángel Verdugo y las señoritas Polanco

Sería redundante comentarles de nuevo qué fue lo que este señor dijo ayer. Por eso si desean saber qué dijo aquí el link: http://bit.ly/qV6Cxx
Después de escucharlo, no me queda duda de por qué tenemos una sociedad tan segregada, ya que en México, D.F. la gente busca nada más lo suyo. Lo podemos ver a diario: la mamá que se queda en tercera fila con tal de que su hijo se baje en la “mera puerta de la escuela”, el cuate que no le cede el lugar  a una señora de la tercera edad en el transporte público con tal de ir dormido, las mujeres en el metrobús que aunque van en el área especialmente para ellas, se empujan, y hasta se insultan, y ¿qué tal los fines de semana? Cuando miles de ustedes deciden tomar el volante de un vehículo sabiendo que están en estado de ebriedad.
La impresión que me da la ciudad en los últimos tres años, es que la paz y la seguridad social penden de un hilo. No quiero ser amarillista pero hace poco escuche que existían entre tres mil y seis mil elementos efectivos de la PFP, para una ciudad con veinte millones de personas. Y si a eso le sumamos escenas que suceden a diario como la de las señoritas Polanco, pues quiero decirles que vamos perdiendo, porque son muy criticadas, pero muchos hacen lo mismo. Se divierten y hasta buscan rutas alternas, aún sabiendo que al manejar borrachos ponen en peligro sus vidas y las de los demás. Hace como seis años una amiga de mi familia, perdió a su hijo cuando este iba de camino a la escuela en sábado. El chavo tenía una práctica en otro lugar, eran las 6 a.m. y se dirigía a la universidad cuando un borracho nefasto se pasó un alto y chocó con él. Lamentablemente, el borracho vivió, pero el chico de veintitantos que se preparaba para ser médico, falleció. Sus padres no lo han superado, básicamente porque nunca lo verán desarrollarse, casarse, triunfar. Se fue antes de tiempo.
Lo mismo sucedió con mi prima, hace dos años fue atropellada mientras iba en su bici. Le habían dado beca completa en el ITAM, eran vacaciones de verano y daba un paseo por la ciclopista con un amigo, cuando una señora pasó a toda velocidad sabiendo que era paso de la ciclovía. Mi prima murió en el lugar. Repetirlo todavía me da escalofríos, hay una bici blanca justo donde falleció, su vida se esfumó en un instante, y una chica brillante se quedó sin futuro. Por eso las declaraciones de este “señor” me parecen reprobables, ya que precisamente las personas como él, hacen imposibles la sana convivencia y el respeto mutuo entre los habitantes del D.F.
Yo estaría a favor de una ley que exija que si quieres tener auto, solamente puedes tener autos tipo “Smart”, “Spark”, o “Matiz”, y que las bicicletas se volvieran un medio de transporte casi obligado. Las familias con niños o bebés podrían sacar un permiso para tener camionetas, y definitivamente los transportes de carga circularían por las noches o en su defecto, hacer un paso para que no entren a la ciudad.
La reacción de la sociedad ante estos comentarios, me hace pensar que todavía existimos más buenos que malos allá afuera. ¿Por qué no dejar la indiferencia que nos ha marcado desde hace siglos? ¿Por qué no tomar el control de la ciudad en pro de la paz y la seguridad? ¿Por qué no considerarnos en conjunto en vez de individualmente? ¿Por qué no obedecer a los policías, en vez de gritarles una bola de vituperios cada que podemos? ¿ Por qué no exigirle al gobierno que suba los salarios de los que guardan nuestra seguridad para así evitar la corrupción, los crímenes de policías, y al mismo tiempo contratar gente con mayor capacidad para desarrollar esta tarea?
Es cierto que nos falta mucho por hacer, pero si nadie empieza, el México que vamos a heredar será uno parecido a Ciudad Gótica. Por lo menos yo estoy cansada de caminar por las calles de esta urbe volteando para todos lados con tal de cuidarme.
Hagamos algo. Esto TIENE QUE ACABAR.
A.
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